miércoles, 31 de agosto de 2011

de espaldas al mar

fuente: internet
Se acabaron las mini-micro vacaciones. Al final se han quedado cortitas.

El día que llegas porque ya es la hora de comer, al día siguiente porque todavía empiezas a centrarte, el tercero ya estás disfrutando pero a la mañana siguiente a recoger los trastos y de vuelta para casa.

Pero casi mejor así, quedarse con las ganas de repetir y hacerlo por más tiempo que apuntarlo en "la lista negra" y no volver a tener vacaciones en 7 años más.

Ha habido algo que me ha llamado la atención y era mi actitud hacia el mar. Estoy empeñada desde hace varios meses en llevar a los míos al mar y cuando llego le doy la espalda.

El primer día ni nos metemos a la playa, el segundo nos acercamos, pero yo en hamaca, no sea que la arena me contagie algo y de pisar el mar ni hablar. Volvemos a la piscina, todas las hamacas mirando al mar y yo le doy la vuelta y miro hacia el hotel. ¿¿¿¿???? ¿Qué está pasando aquí?

Esa noche paseíto a la orilla del mar, medio obligada por mí misma, y al día siguiente bañito mañana y tarde, pero... aysss ha faltado algo, disfrutarlo, sentirlo, sentirme. El problema no ha estado fuera sino dentro.

A veces pienso que me exijo cosas insustanciales y otras que precisamente esas son las que me hacen estar o sentirme viva.

Creo que hace un año viví todo con tanta intensidad y con tanta fuerza que ahora que todo vuelve a la normalidad me falta esa adrenalina, esas hormonas que me hacían estar aquí, allá y en todas partes, sintiendo de piel para adentro y quiero volver a ese estado de semilocura transitoria tan apasionante pero sin tener que pasar por todo otra vez. Quiero recuperar ese estado semisalvaje, instintivo, poderoso que apenas recuerdo a veces.

Han vuelto los miedos, miedo a la gente que es especial, y que su ser especial sea simplemente ser raro y algo histérico nada más, miedo a lo sobrenatural por si viene de arriba, de abajo o del medio, miedo a lo humano no sea que me haga sentir que soy sólo piel y huesos, miedo a que me miren y me juzguen, me agotan los juicios. Ha vuelto el miedo a tener miedo.

En la playa he leído mi libro fetiche de hace unos años, mujeres que corren con los lobos,  y me hacía añorar tiempos mejores. Libro rarito donde los haya, a veces no se entiende nada de lo que cuenta, otras se entiende todo. Lo leo como si estuviera en la oscuridad con la luz de una linterna que se enciende y se apaga, y cuando se enciende me encanta.

Vuelvo a mi hogar, con ganas de cambio, sabiendo que algo tengo que hacer, que no puedo seguir así, que no quiero normalizar los miedos en mi vida, sé que tengo que convivir con ellos pero no pueden ser el motor o el freno de cada día.

Uffff! Trabajo, me queda bastante trabajo por delante.

2 comentarios:

Muerte roja dijo...

Francesca pues si que es rara tu actitud con el mar, a todos nos guasta verlo en su inmensidad, escucharlo mientras ves desaparecer la última ola en la orilla, pero tampoco hay que hacer un mundo de eso, lo importante es que has descansado y te has leido tu libro no?

Besos :)

Ariadna dijo...

Quizás te exigiste demasiado a ti misma. Tenías pocos días y querías exprimirlos al máximo, y hacer que los que te rodeaban hicieran lo mismo. La tensión te pasó factura y no supiste disfrutar del momento en si mismo, sin exigencias, sin pretensiones, sin expectativas.
Ya tienes una nueva lección aprendida. Me alegro de tenerte de vuelta por aquí.

 
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