martes, 11 de diciembre de 2012

Preludio del adios

A veces, cuando te sientes herida, una opción es hablar con la persona que te ha hecho daño y decirle cómo te sientes. Suele dar resultado, aunque no siempre, porque puede ocurrir que no entienda nada de lo que le estés contando.

Otras veces intentar hablar es darse de cabezazos contra la pared porque sabes que es batalla perdida, que no sirve de nada, que lo único que conseguirás es salir con el convencimiento de que es preferible callar hasta la próxima. 

Y callas, o hablas sabiendo que tarde o temprano habrá consecuencias. 

Yo ya me he desfondado, ya no quiero hablar, no quiero lanzar una pelota y que me la devuelvan con fuerza o indiferencia, ambas cosas duelen.

Y ahora entiendo que puedes querer a una persona y tener que alejarte para no sufrir más.

Los ratos buenos no se van, están ahí, el agradecimiento profundo sigue, pero lo que ya no continúa es la confianza y entre algunas personas la confianza es la pieza clave.

Con todo mi corazón... ¡gracias y adiós!

3 comentarios:

Nieves Martín dijo...

Estas cosas del amor resultan así de complicadas, yo lo tuve que hacer, lo sabes, lo sientes, y todo lo que sea alargar el momento es perdida de tiempo y sufrimiento acumulado.
Yo lo recuerdo como un hermoso laberinto, que aunque había mucho bueno no dejaba de ser eso un laberinto del que no se avanzaba nada.
Es triste pero hay que afrontarlo y ser valiente.

Te deseo suerte y mucho ánimo Francesca.

:D

MA dijo...

¡Vaya por dios!
Bueno, pero al menos, de esos momentos tristisimos surgen miles de frase de poderosa inspiración.

Soraya Bruxa Moura dijo...

Ánimo. Esas cosas...pasan.

 
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