
Pronto ya las vacaciones. No hay mucha diferencia entre la baja y las vacaciones, bueno sí, me voy de un pueblo a otro.
Pero este año sí hay algo distinto y es "mi semana". en agosto. Me voy yo sóla, sí, sóla, lo necesito, necesito descansar no sólo de todo el ajetreo de este año sino del que llevo desde hace varios años.
Me voy a un lugar "especial", en una sierra de Valencia, con gente bastante singular, a purificar mi cuerpo por dentro y por fuera, a purificar mi mente, a descansar y encontrarme de nuevo conmigo. Este viaje seguro que dará más de un post.
Y es que estoy asistiendo, no sé si lo he puesto ya en algún otro post, a mi muerte, no a la muerte física de mi cuerpo sino de mi otra yo.
Llevo un proceso de año y medio en el que he ido sanando y cambiando un poco, pero necesitaba cambiar mucho más. Ha sido necesaria una prueba enorme y dura para dar el salto, pero ha merecido la pena. Mi nuevo yo ha podido surgir de entre las cenizas.
Aunque se ha creado un conflicto. No podemos convivir las dos juntas, la optimista y la pesimista, la enfema y la sana, la alegre y la angustiada, la una y la otra...
Ha llegado el momento de despedirme de mi antigua yo.
Lamento haber permitido tantas cosas que te llevaron a estar como has estado. Lamento no haberte querido lo suficiente. Lamento no haberte cuidado y protegido. Lo lamento tanto... pero ahora es tiempo nuevo y debo decirte adios.
Prometo cuidar de esta nueva yo, prometo respetarla y amarla, prometo que no antepondré a otros antes que a ella (salvo a mis hijos), prometo que será lo más preciado que tengo...
Siento como tumbada mi corazón se hunde hacia mi espalda como si quisiera separarse de mi cuerpo, siento que caigo en un profundo pozo pero sé que estoy aquí, es la separación. Parece increible, pero la siento a nivel corporal.
La despedida es dura como todas, es triste. Y cuando lo percibo así necesito llorar.