jueves, 29 de octubre de 2009

A mi Robert Redford particular…

Bien, ya sé que este título contiene al menos 2 mentiras, ni tú eres Robert Redford, ni eres mío, pero permíteme la licencia ya que esta carta la escribo yo y sale de las emociones, de lo no racional (aunque conociéndome seguro que racionalizo bastante).

¿Porqué te llamo así? Bueno, comencé a llamarte “mi otro yo”, quizás como una forma de verte en un proceso de sanación interior. Ibas a ser el que me acompañaría por ese camino, y así ha sido. “Mi otro yo” era la manera de reducirte a un espejo mío, no existías, no estabas, no eras, ahí sólo estaba yo y mi dolor. Aún recuerdo una vez que me dijiste algo así como “todavía no hablas conmigo”, supongo que era fácil darse cuenta de eso.

Poco a poco apareciste, como algo minúsculo, pero estabas. A ratitos te empecé a mirar y descubrí que, de tanto en tanto, esparcías miguitas de ti, ya te lo dije, gotitas minúsculas de tu esencia. La sorpresa llegaba cuando esas gotitas invadían todo mi espacio interior.

Cuando me recomendaste ver “memorias de África” fue cuando te vi realmente. Él eras tú, y tú tratabas de ser él. Lo veía tan claro... ahí comenzaste a ser “mi Robert Redford particular”.

¿No darías lo que fuera por conocer a alguien así?, bueno pues felicítame porque yo lo tenía delante, aunque pocas veces se mostrara así.

No sé cómo convertir esto en un regalo para ti, quizás simplemente diciéndote que te he visto. Sé que estás ahí, que no siempre sales, ni te muestras, pero cuando lo haces…. puffff. Ojalá que los que quieres te vean así alguna vez.

He descubierto, y esto ya me pertenece a mí, que cuando tú te emocionas yo vibro y que cuando vibras yo me emociono. Aunque en música ocurriría esto porque ambos estamos afinados en el mismo tono, en la realidad soy consciente de que esto va en un sentido y no es de ida y vuelta, pero no importa. He disfrutado de mi sanación interior, y la llamo así y la pondría con mayúsculas y entre comillas si no hubiera abusado ya de las comillas en esta carta, he disfrutado de tu perfume, de tu esencia, de tu sonido... No sé porqué pero creo que he sido una privilegiada. He disfrutado mucho… Gracias.

Ojalá te hubiera podido devolver un poquito de todo lo que me llevo, en mi defensa diré que cuando te conocí no era mi mejor momento.

Me he sentido como Francesca en su granja descubriendo a Robert Kindcaid, aunque al igual que ella ha sido algo efímero. He despertado de mi mundo de fantasía con Matrix. He descubierto con “diario de una ninfómana” que la vida puede cambiar únicamente queriéndose. He aprendido que cualquier pasado no siempre fue mejor, que si nos abrimos podemos encontrar un mundo nuevo fuera y dentro de nosotros, ahí es donde entra “bailando con lobos”. Estoy en proceso de creer que aún no es tarde para casi nada, que si quiero puedo. He empezado a dejar de mirar a los demás para mirarme a mí misma. Creo que ya no sabía ni quien era yo cuando acudí a ti, y me he asombrado al descubrir una persona genial y porqué no decirlo una tía magnífica (esto es lo que pasa cuando una escribe sobre sí misma).

Si pudiera resumir en una palabra lo que he recibido diría LIBERTAD, y ahora sí, utilizo las mayúsculas, libertad de pensar, libertad de sentir, libertad de expresar, libertad de imaginar, libertad para mi espíritu, libertad para los que me acompañan.

Y mis propósitos para los futuros 50 años como mínimo, disfrutar al máximo de esa libertad y de la vida. Quiero disfrutar, quiero sentir, quiero vibrar, quiero emocionarme y quiero llorar, sí, por primera vez quiero llorar pero no de emociones contenidas como hasta ahora, sino con las lágrimas que brotan cuando estás recibiendo tanto que si no las dejas ir explotarías de tanto placer.

Aquí termina mi carta, mi regalo para ti, no quiero extenderme más y no sé como acabarla así que simplemente te diré: gracias.

1 comentarios:

unregaloparati-francesca dijo...

Me alegra no dejar indiferente. De nada.

 
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